Hoy ya es demasiado tarde.
No hay luz, no puedo verte, pero imagino tus pies sumergidos en la arena.
Parecen rígidos, pero enseguida los dedos juguetones comienzan a brotar y veo
tus tobillos firmes enderezarse para dar un primer paso. Caminas segura, rumbo
al mar. Tengo miedo, te pido que regreses... El agua va subiendo por tu figura y las olas no demoran en sumergirte. Corro desesperada a buscarte, trago sal y
arena y no me importa, enfrento mis miedos porque necesito salvarte. Creo que
te alcanzo porque veo tus cabellos sumergidos y con una honda bocanada nado
hacia ellos. Intento abrazarte para sacarte de ahí, jalo fuerte y no consigo moverte. El aire no me alcanza y sin embargo te daría todo mi halo vital para
verte resurgir. Tu rostro es confuso, está rodeado de algas y de peces...
Siento que no puedo, que el aire se me acaba y que en cualquier momento
absorberé todo ese mar que me rodea hasta que mi organismo flote, azulado e inerme, hasta la
superficie. Busco tu cara para despedirme, pues sigo aferrada a ti, con
mis brazos rodeando tu cintura. Doy vuelta tu cabeza y de pronto no eres tú.
Ahí estoy yo, atrapada entre corales como cuando fui pequeña, y ya no solo es
mi cara la víctima del desgarro, sino que todo mi ser. Las tonalidades del
agua varían de rojo a azul y todo ese fluido púrpura que expele mi entidad exánime ya no está frente a mí, sino que me rodea. Volví a habitar mi cuerpo en
la hora postrera y estoy desnuda y sola, tal como nací. Miro hacia arriba con
nostalgia, cuán arriba está el cielo y el sol, esa orilla que abandoné, buscándote. Imagino a mis padres mirando en la superficie, imposible ahora
avisarles donde estoy... Quizás mi espíritu hubiese podido, si no lo viniese a llamar
este espejismo de ti, de tu ahogo que ya no es tuyo, de tu muerte que ya no es
tu accidente, sino el mío. Un accidente inconscientemente premeditado, yo
siguiéndote a ti, siguiéndome a mí, siguiendo a tantas mujeres en nosotras: la
Woolf, la Storni... Entonces recuerdo que no hay nosotras, soy solo yo otra vez
encandilada y ya tengo agua por todos lados, ya soy agua-pez-sal, mar-púrpura y
agonía... Pierdo la conciencia, se me agotan las palabras, no hay mareo, náuseas ni ahogo posible, solo paz... Estoy sola en el fondo del mar, sola como siempre, pero al
fin conmigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario