viernes, 5 de octubre de 2012

Ofeliana


Hoy ya es demasiado tarde. No hay luz, no puedo verte, pero imagino tus pies sumergidos en la arena. Parecen rígidos, pero enseguida los dedos juguetones comienzan a brotar y veo tus tobillos firmes enderezarse para dar un primer paso. Caminas segura, rumbo al mar. Tengo miedo, te pido que regreses... El agua va subiendo por tu figura y las olas no demoran en sumergirte. Corro desesperada a buscarte, trago sal y arena y no me importa, enfrento mis miedos porque necesito salvarte. Creo que te alcanzo porque veo tus cabellos sumergidos y con una honda bocanada nado hacia ellos. Intento abrazarte para sacarte de ahí, jalo fuerte y no consigo moverte. El aire no me alcanza y sin embargo te daría todo mi halo vital para verte resurgir. Tu rostro es confuso, está rodeado de algas y de peces... Siento que no puedo, que el aire se me acaba y que en cualquier momento absorberé todo ese mar que me rodea hasta que mi organismo flote, azulado e inerme, hasta la superficie. Busco tu cara para despedirme, pues sigo aferrada  a ti, con mis brazos rodeando tu cintura. Doy vuelta tu cabeza y de pronto no eres tú. Ahí estoy yo, atrapada entre corales como cuando fui pequeña, y ya no solo es mi cara la víctima del desgarro, sino que todo mi ser. Las tonalidades del agua varían de rojo a azul y todo ese fluido púrpura que expele mi entidad exánime ya no está frente a mí, sino que me rodea. Volví a habitar mi cuerpo en la hora postrera y estoy desnuda y sola, tal como nací. Miro hacia arriba con nostalgia, cuán arriba está el cielo y el sol, esa orilla que abandoné, buscándote. Imagino a mis padres mirando en la superficie, imposible ahora avisarles donde estoy... Quizás mi espíritu hubiese podido, si no lo viniese a llamar este espejismo de ti, de tu ahogo que ya no es tuyo, de tu muerte que ya no es tu accidente, sino el mío. Un accidente inconscientemente premeditado, yo siguiéndote a ti, siguiéndome a mí, siguiendo a tantas mujeres en nosotras: la Woolf, la Storni... Entonces recuerdo que no hay nosotras, soy solo yo otra vez encandilada y ya tengo agua por todos lados, ya soy agua-pez-sal, mar-púrpura y agonía... Pierdo la conciencia, se me agotan las palabras, no hay mareo, náuseas ni ahogo posible, solo paz... Estoy sola en el fondo del mar, sola como siempre, pero al fin conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario