viernes, 12 de octubre de 2012


Hace casi 2 años decidí entrar a hacer clases a un liceo, 
pensando que la educación (y sobre todo la municipal) 
era una tarea de todos, y que como eterna estudiante 
(sin esfuerzo económico propio de por medio) era mi 
responsabilidad hacerme cargo. Pese a todos mis 
miedos me dije: ya basta, tienes 24 años, de los 
cuales has pasado casi 20 estudiando, ¿cómo no vas 
a tener algo por enseñar? Con promedio 6.7 en el 
colegio y sobre 6.0 en la Licenciatura y el Magíster, 
parecía muy poco probable que no hubiese adquirido 
conocimientos suficientes para comunicarles a otrxs.
Por lo demás (y más importante para mí) en 24 
años uno va acumulando experiencias y enseñanzas de 
la propia vivencia, ¿por qué no iba a poder utilizarlas 
a la hora de enseñar a estudiantes de enseñanza media? 
En realidad nunca he creído que ni las notas ni lo vivido 
sean garantía alguna de contar con una habilidad especial 
(menos una que sirva a la actividad pedagógica, que 
además es tan complicada y cambiante), pero quise 
lanzarme a este loco proyecto con el fin de hacer mi mayor
esfuerzo por construir junto a los jóvenes una educación 
de calidad, esa que a mí misma (estudiante de un 
liceo particular) me fue esquiva, pues rara vez tuve 
un profesor orgulloso y consciente de serlo. La mayoría de 
mis profesores fueron monótonos, mediocres, 
conformistas, moralistas, afectivamente desvinculados, 
parcos en su trato, aburridos, criticones y poco autocríticos,
autoritarios o poco resolutivos, barreros, enojones, poco
creativos y hasta repetitivos. Tuve muy pocas clases 
"dignas de recordar", ya que ninguno de ellos parecía 
entender que 1 hora y media es MUCHO tiempo de vida como
para desperdiciarlo en "lo mismo de siempre": ver a un/a
tipo/a hablando adelante, anotando en la pizarra y en el 
libro, sentado, como incitando la flojera, malhumorado, 
incentivando el pesimismo; estático, demostrando su falta de 
creatividad. Puedo decir, sin arrepentirme ni intentar ofender 
aalguien, que perdí años de mi vida sentada en un salón 
sin aprender NADA, porque lo único en que podía pensar 
viendo a esa estatua idiota adelante era en lo mal que se
vestía, o en lo lindo que estaba el día afuera y en como me 
gustaría tenderme TODO el día en el pasto a sentir la brisa,
 el canto de los pájaros, el sol... Así al menos hubiese 
aprendido a valorar la vida en su esplendor, en lugar de estar
encerrada en un laboratorio abriendo unos pobres ratones 
que ninguna culpa tenían de que la profesora, que siempre 
quiso ser cirujana o forense (y no pudo), se le ocurriera 
abrirlos para mostrarnos su aparato digestivo. 
Indigestión me causaba desperdiciar las horas gozosas 
que pasaba leyendo textos para que después me vinieran a 
poner unas imbéciles preguntas de alternativas en una prueba.
¡¡¡Alternativas!!! ¡¿Cómo alguien (burócrata desalmado
podría volcar toda la maravillosa experiencia de vínculo que 
tuvo con el libro, sus personajes, sus espacios, todo lo 
que le remeció y estremeció mientras lo leía en apenas 5 
ideas monológicas propuestas por un individuo cualquiera?!
Utilitarismo, todo lo que me enseñaron tenía una aparente 
utilidad, la cual gran parte de las veces se remitió a repetir lo
"aprendido" en una prueba por la nota. NOTA, estúpida nota con
la que los profes parecían clasificarnos en "dignos de esfuerzo"
o "desechados". Ni siquiera yo, que siempre obtuve buenas
notas, llegué a convencerme de que éstas valían de algo. 
Su única utilidad era quedar bien con el profe, los papás, el 
establecimiento (que te daba diplomas, otro instrumento
inservible que acumulo como colección en mi casa sin 
que jamás me haya sentido honrada por ello), ¿la sociedad? 
Claro, alumna de 65 pa' rriba, muy bien, llegará lejos y 
será exitosa... ¿Lejos adónde? ¿Y si prefería quedarme 
cerca y ser feliz? ¿Si prefería ganar poco, pero ser exitosa en el
amor? Tener más amigos que colegas, más compañeros que 
admiradores, más maestros de vida (de esos que te enseñan, 
les pagues o no, sean lo que sean) que profesores? No, ahí no 
calificaba el éxito, éste consistía en ser médico, abogado o 
ingeniero y hacer cosas importantes como salvar vidas, 
encarcelar gente peligrosa o construir puentes...


En fin, a lo que voy (en concreto) es que en alguna parte de 
mí y como producto de mis propias decisiones, creo que la vida 
no se puede agotar en una utilidad cortoplacista y/o tuerta 
(como tener un trabajo bien remunerado), sino que tiene que 
encontrar una utilidad especial, un sentido único (si se 
quiere) y/o personal: aquello que te da felicidad y que permite
tu realización plena tanto como individuo y como miembro de 
la sociedad. Tarea titánica es dar con esta respuesta y a 
nadie  sin un dejo de videncia o de coraje se le ocurriría cometer 
la locura de llevar a cabo esta empresa. Por eso en nuestra 
condición de mortales solo nos queda arriesgarnos a construir 
nuestras vidas, sabiendo que moriremos y que por ende, nadie 
más la vivirá por nosotros. Mi interpretación de esta realidad 
fundamental es: tu utilidad es directamente proporcional a 
tu creatividad. ¿Creatividad para qué? No importa, vinimos 
a crear; el ser humano por algo y para algo ha tenido esa 
facultad y mientras no la realice, será una vida perdida. Somos 
útiles, necesarios y dignos de vida en la medida en que 
podemos crear lo que no existe, desde una pintura hasta una 
fórmula matemática, pasando por todas esas formas 
particulares y no dogmatizadas (frenadas y encadenadas) 
de ver la vida. "Cronopios" los llamaba Cortázar, pero bien 
podrían llamarse seres plenamente vivos, ultra vivos, 
"supravida", dirían las mismas criaturas cortazarianas. 
Alcanzar ese punto de inflexión donde uno deja de sobrevivir, 
de repetir patrones, de aceptarlo todo y obedecer y empieza a 
mirar (de reojo al principio, pues ¡vaya que asusta!) afuera 
de la pecera... A todos ellos logra revelárseles una sola y 
profunda verdad: no hay verdad, no hay absoluto, no hay 
límite: vivir es un constante devenir. ¿Vale la pena 
entonces esforzarse en alcanzar un triunfo, en pasar por 
sobre otros, en demostrar que somos mejores que...? Somos 
todos humanos, tenemos vida y eso nos debería gratificar. Por 
lo demás es cierto que somos libres, pero no libres para dañar o 
para tener poder por sobre otro (el cual siempre será una 
mentira, porque nadie es mejor que nadie), sino libres para 
crearpara determinar por nuestra cuenta y a nuestra medida 
lo que queremos ser y hacer. Entonces vinimos al mundo con 
características definidas, pero no definitivas, adquirimos con 
facilidad habilidades básicas, pero no limitantes... Podemos ser 
lo que queramos ser porque creamos nuestro mundo
construimos todo, desde nuestra personalidad hasta nuestras 
amistades, desde nuestras convicciones, hasta nuestras 
interpretaciones. Somos una red energética vibrante que puede 
conectarse en muchos modos y en la cual nadie muere 
definitivamente, pues al irse también traspasa su energía a la 
red. Y esta energía humana tiene un potencial enorme, no se 
equivocaron los físicos al decir que la materia no se pierde, solo 
se transformaNos morimos y nuestro ser se proyecta en otros, 
sean hombres, mujeres, pájaros, rocas... Pero si por alguna 
razón, llegamos a crear algo, increíblemente nos conectamos 
con todo lo  existente, pues aportamos energía no solo a 
nuestro pequeño núcleo, sino a la red completa.

Volviendo al tema (mi propia creatividad lingüística escapa a 
los limites del espacio y del decoro), siento que la educación 
me apasiona, que cada vez que converso con un(a) 
estudiante establezco con él o ella una maravillosa relación 
dialéctica de mutuo aprendizaje. Sin embargo, en este sistema 
educativo, ¿cuánto podemos realmente dialogar? Si la sala 
misma y sus reglas obligan a 20, 30 y hasta 40 personas a 
escuchar un monólogo extenuante. ¿Cómo fomento al 
estudiante a participar si yo estoy adelante y todos están 
obligados a mirarme?¿Quien tiene ánimo de participar si nadie 
lo mira a los ojos ni considera válida o significativa su voz en el 
contexto de una clase? Currículum: ¿todos deben/pueden 
aprender lo mismo? ¿Y si resulta que entre mis estudiantes 
estuviera un talento increíble para las artes y con solo dos 
horas por semana en esta materia no alcanzáramos a 
descubrir su enorme potencial? Así como en el pasado se 
perdió tanto talento femenino escondido detrás de un 
delantal, hoy podríamos perder a un Van Gogh o a 
un Picasso ocupándolo en resolver con fórmulas matemáticas, 
realizar soluciones químicas y recordar batallas inmemoriales.
¿Y si ese estudiante distraído del fondo no debiese estar 
encerrado bajo 4 paredes, sino afuera, corriendo la maratón, 
andando en bicicleta o plantando arboles? 
¿Por qué tantas personas diferentes deben estudiar siempre lo 
mismo?  ¿Será la "cultura general" la falacia que permite 
mantener encerrados a millones de infantes en un 
entrenamiento pseudo-militar para elaborar esclavos del 
sistemaFrancamente tiendo a pensarlo, porque desconfío 
en las virtudes de este modelo; pienso en niños dopados a 
punta de ritalín y amenazas, en esos 10 ó 15 anhelados 
minutos de recreo donde todos (hasta yo, ñoña 
absoluta) salíamos corriendo hacia la libertad; pienso en 
esos papelitos furtivos que nos pasábamos para conversar 
de lo que realmente nos interesaba y en esos momentos 
(tan breves y escasos) en que los profesores bajaban 
del Olimpo y nos preguntaban a nosotros nuestra opinión, 
conversándonos de igual a igual. Y es que para mí la 
educación no puede ser algo impuesto, no puede ser 
una demostración de jerarquía ni de poder. Yo puedo 
saber más teoría  que un estudiante, pero estoy segura 
que para cada teoría o cita que yo ocupe, el/la estudiante 
hallará nuevos términos, ingeniosos ejemplos e interesantes 
anécdotas. Insisto, crear es humano y desde niños somos 
capaces de hacerlo. Algunos adultos lo olvidan, hasta que 
tienen un hijo, sobrino o pequeño vecino que viene y les dice 
de golpe: "¡Por favor, dibújame un cordero!" Y aunque no 
sepamos dibujar, intentémoslo, démosle al niño, al joven o 
simplemente al otro (o la otra), la mayor sabiduría y la 
mayor muestra de vocación que puede tener un maestro: 
la atención y el amor. Solo así se construye sociedad... 
Solo así se aprende a ser un ser humano libre, consciente 
y responsable... Un verdadero constructor de sueños
creador de mundos... un aporte a la Humanidad.

                                                                        Tanya

viernes, 5 de octubre de 2012

Ofeliana


Hoy ya es demasiado tarde. No hay luz, no puedo verte, pero imagino tus pies sumergidos en la arena. Parecen rígidos, pero enseguida los dedos juguetones comienzan a brotar y veo tus tobillos firmes enderezarse para dar un primer paso. Caminas segura, rumbo al mar. Tengo miedo, te pido que regreses... El agua va subiendo por tu figura y las olas no demoran en sumergirte. Corro desesperada a buscarte, trago sal y arena y no me importa, enfrento mis miedos porque necesito salvarte. Creo que te alcanzo porque veo tus cabellos sumergidos y con una honda bocanada nado hacia ellos. Intento abrazarte para sacarte de ahí, jalo fuerte y no consigo moverte. El aire no me alcanza y sin embargo te daría todo mi halo vital para verte resurgir. Tu rostro es confuso, está rodeado de algas y de peces... Siento que no puedo, que el aire se me acaba y que en cualquier momento absorberé todo ese mar que me rodea hasta que mi organismo flote, azulado e inerme, hasta la superficie. Busco tu cara para despedirme, pues sigo aferrada  a ti, con mis brazos rodeando tu cintura. Doy vuelta tu cabeza y de pronto no eres tú. Ahí estoy yo, atrapada entre corales como cuando fui pequeña, y ya no solo es mi cara la víctima del desgarro, sino que todo mi ser. Las tonalidades del agua varían de rojo a azul y todo ese fluido púrpura que expele mi entidad exánime ya no está frente a mí, sino que me rodea. Volví a habitar mi cuerpo en la hora postrera y estoy desnuda y sola, tal como nací. Miro hacia arriba con nostalgia, cuán arriba está el cielo y el sol, esa orilla que abandoné, buscándote. Imagino a mis padres mirando en la superficie, imposible ahora avisarles donde estoy... Quizás mi espíritu hubiese podido, si no lo viniese a llamar este espejismo de ti, de tu ahogo que ya no es tuyo, de tu muerte que ya no es tu accidente, sino el mío. Un accidente inconscientemente premeditado, yo siguiéndote a ti, siguiéndome a mí, siguiendo a tantas mujeres en nosotras: la Woolf, la Storni... Entonces recuerdo que no hay nosotras, soy solo yo otra vez encandilada y ya tengo agua por todos lados, ya soy agua-pez-sal, mar-púrpura y agonía... Pierdo la conciencia, se me agotan las palabras, no hay mareo, náuseas ni ahogo posible, solo paz... Estoy sola en el fondo del mar, sola como siempre, pero al fin conmigo.